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miércoles, 17 de agosto de 2011

TINELLI INTIMO






Minutos antes, 130 personas aplaudían con él sobre una pista en la que supieron construir una historia colectiva que era inevitable de repasar en imágenes mentales.

“En un momento pensé: ¿estoy en la foto de Los Personajes del Año de GENTE? Cada vez que miraba a mis costados sentía orgullo y felicidad de ver a las figuras de Ideas del Sur en ese marco”, recuerda Marcelo Tinelli. Pese a lo anterior, y desde su ámbito privado, paradójicamente el camarín más pequeño de su productora, el anfitrión de ShowMatch reflexiona: “Para mí, el poder es una sensación que siempre estuvo ligada a la satisfacción de ver a mi equipo reunido, complacido y agradecido. Lo que pasó hoy, muchos lo vivieron como un gran privilegio, y eso me conmovió. Y ése es el poder que entiendo: el del amor, la buena energía, el de disfrutar de lo que hago, el poder que da ganas de agradecerle a Dios cada mañana”.

FILOSOFIA PERSONAL. Lidera una estructura de casi cuatrocientas personas, apoyado en un pilar que considera tan imprescindible como el propio talento: el sentido de hogar. “A mi gente le digo que somos pares de un gran grupo. Cuando voy por los pasillos de Ideas puedo pararme tanto a arreglar la tapita de luz que está torcida como a preguntarle a alguien cómo van sus cosas. Quiero que acá todos se sientan en casa”, sostiene. Marcelo atribuye esta modalidad a un legado invaluable: “Aprendí la importancia de tratar bien a la gente con la que uno labura de dos grandes: Juan Alberto Badía, quien me hizo sentir un amigo más cuando yo tenía apenas veintitrés años, y Gustavo Yankelevich, que me enseñó que las cosas salen mejor si todos somos un todo”.

UN ENTRECASA LABORAL. Sin horario, pero con algunas formalidades. Marcelo llega a su oficina pasadas las 13.30, “menos los miércoles cuando debo estar más temprano, para las grabaciones de los programas”. Para entonces habrá cumplido con su rutina de ejercicios y una actividad que supone casi una obsesión: “¡No tolero que me toquen los diarios antes de leerlos!”, confiesa con gracia, pero firme. “Si me levanto y hay señales de que alguien los estuvo hojeando, prefiero ni abrirlos. Y ni hablar de que osen contarme algo, porque necesito sorprenderme con la primicia”.

Desde que Este es el show –por El Trece– está en el aire, las tardes de un Tinelli alejado de lo estrictamente comercial y concentrado más en los contenidos alteraron la rutina. “Es que me gusta ver absolutamente todo: nuestros programas y los que comparten su grilla en todos los canales. Analizo los contenidos y voy calculando qué haré en ShowMatch esa misma noche”, comenta. Cuando las luces se apagan, las charlas continúan. “Las noches de los lunes y martes ceno con mi equipo. Las de los miércoles son para mis hijos: tengo cita de papá”.

LO QUE DICEN SUS HIJOS. “Mis hijos son un reflejo importante de lo que interesa, y yo me tomo el tiempo para escucharlos”, describe Marcelo antes de comenzar a ejemplificar con notable devoción. “Micaela (23) fue quien me insistió en su momento para que apostáramos a la cumbia en el programa, y dio resultado. Ahora está dedicada al diseño de indumentaria y trabaja con María Vilariño, mi asesora de imagen. Está muy atenta y me da muy buenos consejos, pero lo que más me gusta es que está cercana. Candelaria (21) estudia Bellas Artes y siempre me tira tips estéticos. Me gusta su opinión: de hecho, diseñó los tatuajes de mis brazos. Hace unos días me sorprendió con la noticia de que quiere trabajar conmigo en el área de gráfica y asistencia de producción. A Francisco (13) le gusta la música, en especial la electrónica. Está muy informado y acaba de pasarme una selección de temas de David Guetta para tener en cuenta. En una charla reciente me dijo que tiene intenciones de comenzar una orientación en comunicación, para desarrollar una carrera en los medios. Me mató. Y Juanita (9) es un encanto. Me hizo conocer a Justin Bieber, por ejemplo, mucho antes de tanto éxito. Cada uno desde su edad me pinta un panorama interesante, que tengo presente a la hora de producir”.

DE CUERPO Y ALMA. Más afín a lo saludable que a la coquetería, a las 12 de cada día –excepto los miércoles– Marcelo cumple a rajatabla la rutina de ejercicios diseñada por su entrenador, Pablo Benadiva. En el gimnasio del Le Parc Alcorta, donde vive, y rodeado de televisores que lo mantienen al tanto de la programación, comienza con diez minutos de elongación, el preámbulo necesario para treinta y cinco de complementos de pesas y veinticinco de trote sobre cinta, cuando no visita de incógnito los Bosques de Palermo. “Acompaño el esfuerzo con una dieta a base de hidratos y proteínas que incluye cuatro comidas”, informa.

Aplicado, el día que graba sube a su oficina entre programas para cumplir con su merienda: una taza de café con leche y dos tostadas con queso crema y mermelada light, o un suntuoso licuado de banana. Pero no sólo el cuerpo es objeto de nutrición para Marcelo. “El trabajo espiritual es importante, y quisiera dedicar más tiempo a la meditación y las técnicas de respiración, en las que incursioné hace algún tiempo. Estoy con ganas de comenzar la Fase 2 de El Arte de Vivir (manejo del estrés e iniciativas de servicio para el bien común), pero me exige cuatro días de silencio absoluto, y todavía me cuesta apagar el celular durante tanto tiempo”, confiesa.

RITUALES DE CAMARIN. Antes de la llegada de Marcelo, el director Alejandro Ripoll – ShowMatch– entra a su camarín, prende las luces, pone el termostato en 21ºC, enciende el televisor en El Trece y espera para analizar con él los movimientos de rating del día, en la computadora que el conductor tiene sobre su mesa. Luego se sumarán Federico Hoppe y Pablo “el Chato” Prada, productores ejecutivos. Los objetos personales infaltables en su espacio: imágenes de vírgenes –en especial la de Luján–, su fragancia Polo, la cafetera para sus ristrettos y una mano de madera que utiliza para rascar la zona media de su espalda, en la que el tatuaje de una florcita le produce picazón. Un instante antes de entrar a la pista de Bailando se cerciora cuidadosamente de hacerlo con el pie derecho.

PERSONAL TEAM. María Vilariño, vestuarista de las figuras de SábadoShow y Cantando por un sueño y diseñadora de Liguria, cumplió veintidós años tras la imagen de Marcelo. “Supo observar, aprendió y se animó”, dice sobre el hombre fuerte de Ideas del Sur. “Es un hombre moderno, que sabe combinar clasicismo y tendencias con sutileza. Bailando fue una inflexión en su estilo e incitó a que muchas otras personalidades de la tevé lo imitaran”, asegura.

Cada semana, María dispone los cuatro cambios –infaltables los jeans para los viernes informales–. “Hay veces en que lo preparo para algún look distinto. Por ejemplo, le cuento que tengo en mente ponerle un cinturón de leopardo, para que la idea madure. Siempre acepta el desafío”, revela. Hasta el momento, 45 han sido los cambios que Tinelli no ha repetido jamás. ¿Sus manías de guardarropas? “No pueden faltarle el traje negro con camisa negra, los chupines ni el entallado en sus prendas”.

Irene Paré, es jefa de maquillaje y su maquilladora personal desde hace nueve años. “Lo primero que hago es masajearle la cara durante algunos minutos con cremas francesas La Prairie, humectantes, masificantes y tensoras, para quitarle el cansancio del día”, revela. “Aunque no es una persona pendiente de su imagen, y aún no le preocupan las arrugas, Marce pone el acento en el color: le gusta mucho verse bronceado”, finaliza.

Elvio Casciano lo peina desde hace dos años, por recomendación de Federico Rivero y Andrea Bursten. “Fui a su casa y le sugerí olvidarse del pelo largo, por practicidad y tendencia. Le propuse el look de Brad Pitt en El Club de la Pelea: corto mordido. Fuimos probando, del despeinado al más british, y ahí quedamos”, cuenta. “El pelo le crece mucho; tengo que cortárselo cada quince días. Al secárselo le masajeo el cuero cabelludo, para vigorizarlo ante el maltrato del calor”, dice.

“Muchas veces, mientras trabajo cierra los ojos y medita. Es un mimo saludable y necesario, que lo distiende”, comenta. “Antes de salir al aire lo peino con cera mate y le doy una nube suave de laca, para texturizarlo y evitar el efecto pomposo del recién lavado. Debo reconocer que con las manos es poco creativo y no lo hace durante los fines de semana, como pretendo”, concluye con gracia.

EL NUEVO MARCELO. Tres nuevas facetas de su Versión 2011 serán abordadas por el propio Marcelo. 1. El fashionista. “Me va vestirme bien. Tal vez no soy de comprar ropa, pero me gusta observar. Haber viajado tanto me entrenó el ojo”. 2. El humorista. “Por ahí en la vida cotidiana me dicen ‘vos sos divertido’, pero yo me siento un embole. En el aire del programa se dan situaciones que se generan porque juego con amigos”. 3. El terminante. “A veces hay que ponerse firme –destaca con respecto a las peleas en Bailando–, pero lo importante es darse cuenta hacia dónde va el formato; son condimentos típicos de lo que llamo el reality-fiction. Yo intento balancear: soy duro, pero también aflojo cuando debo, y propongo tranquilidad y diálogo para ver hasta dónde llega la situación. Es como con los chicos: si se exceden tenés que saber cortarlos”.

Frente a las hipótesis, concluye: “No me quedo nunca en posturas anteriores ni en las miradas de los otros. Siempre digo que cada vez que me despierto hay un nuevo Marcelo”.
gente

jueves, 15 de enero de 2009

Marcelo Tinelli “Mis hijos me raparon y diseñaron mi nuevo tatuaje”






Esto es obra y gracia de mis hijos”, dijo Marcelo, apuntando su índice derecho a la cabeza. “Y esto también. Mis hijos me raparon y diseñaron mi nuevo tatuaje”, agregó, mirándose de reojo el brazo izquierdo. Así, en el crepúsculo del lunes 12, Marcelo Hugo Tinelli (48) hizo su presentación formal 2009. O informal, en realidad, ya que estaba por comenzar a jugar el primer picadito de la temporada entre amigos, en su chacra marítima Guanahani, de La Boyita. ¿A qué se refería? Basta con ver las fotos que acompañan la presente nota. Nos referimos a un Tinelli rapado y tatuado.

Había tomado la decisión durante los últimos meses del 2008. Quería un cambio de 180 grados para su look y también para su ya legendario programa. Por eso, antes de la final de la quinta edición de Bailando por un sueño se juntó con sus mano derecha, Federico Hoppe y Pablo Chato Prada, y les comentó que el año próximo quiere celebrar a lo grande las dos décadas de su programa. Pero no era el único cambio que pretendía…

Para recibir 2009 dejó que sus hijos, en Nueva York, de vacaciones con él y Paula, le cortaran el pelo casi a cero. A ello debía sumarle el tatoo que le habían empezado a grabar sobre su piel. Se trata de símbolos religiosos dibujados por su hija mayor, Candelaria, sobre un papel. Una vez que se animó, allá por noviembre, llamó a Mariano, dueño de American House (el mismo que suele elegir Sebastián Ortega) y le encargó la misión. Así, cada lunes, el artista visitaba a Marcelo para avanzar en un trazado que arranca en la mano y termina en el hombro. “Todavía no bajé a la playa, porque debo cuidarme del sol mientras va cicatrizando”, contó calentando antes del partido de fútbol. Ahora pasemos a los cambios de su ciclo…

Desde que pisó el Este, el jueves 8, puso manos a la obra para concretar su sueño de festejar a lo grande, en Canal 13, los veinte años de ShowMatch. “En principio, el programa probablemente se llame VideoShowMatch”, anticipó, contando además que, a manera de homenaje, volverá a sus clásicas cámaras ocultas y a los sketchs de humor. También, que repatriará a algunos de sus antiguos colaboradores. Un nombre confirmado: Freddy Villarreal. La preproducción comenzará en febrero y prevé, para el segundo semestre de la temporada, una competencia de comedias musicales con estrellas. Pero cuando se le pregunta por un rumor que comenzó a circular con insistencia –¿Patinando por un sueño Kids?–, calla enigmáticamente.

“Sí. Este 2009 va a ser muy especial. Ya verán”, gritó Marcelo, de camiseta con el número 10 y su nombre, camino a su canchita, donde lo esperaban, entre otros, Gonzalo Valenzuela, Guillermo Andino, Iván de Pineda, Leo Mateu, Daniel Maman y Federico Ribero. Y cerró, misteriosamente: “Ya verán, ya verán…”.
Fuente: gente

lunes, 6 de octubre de 2008

Marcelo Tinelli “Volver a Bolívar me hace bien, es una forma de recuperar mi historia”






El sábado 27 se corrió la décima Maratón Dino Hugo Tinelli que marcó una década de progreso en deporte, cultura y salud para la ciudad de Marcelo. “Papá pasó sus últimos días en Buenos Aires porque el hospital de Bolívar no estaba en condiciones, por eso es tan fuerte esta obra”, explica Tinelli. Aquí, el recuerdo de su niñez, sus padres y su abuelo.

Cincuenta y dos minutos con dieciséis segundos después, Marcelo corta la cinta de llegada junto a su hijo Francisco. Son las siete de la tarde, garúa sobre Bolívar y el cartel marca que la Maratón Internacional Dino Hugo Tinelli comenzó hace poco menos de una hora. Aunque, en realidad, esta historia acaba de cumplir diez años: “A medida que transcurría la carrera, el día, me fueron cayendo las imágenes. Cuando veíamos el video que pasaron por la pantalla gigante me decía: ‘¡Qué increíble! ¿Todo esto hicimos?’. Es muy lindo, porque fueron diez años donde creció Bolívar y crecí yo… ¡Me veo mucho más viejo! Papá pasó sus últimos días en Buenos Aires, porque el hospital no tenía los medios para atenderlo. Por eso para mí es muy fuerte ayudar al hospital, conseguir el equipo de cardiología, las incubadoras o la sala de hemodiálisis… Hoy es uno de los mejores de la provincia”, piensa en voz alta Marcelo (48) una década más tarde, con look aggiornado –la onda goma, como él mismo llamaba, quedó out hace rato–, todo de negro con su clásica remera sin mangas y unas calzas muy cool que, súper abrazadas a sus largas piernas, le llegan hasta los tobillos. Los pelos al viento, claro. Y a su lado corre su versión en miniatura, Francisquito (10), mientras que en la tribuna están su mujer, Paula Robles (41) y su hija, Juana (5) que, lejos, bien lejos del perfil bajísimo de su madre, no para de hacerles caras a los fotógrafos.
La Maratón Dino Hugo Tinelli fue la excusa que encontró el conductor de ShowMatch en 1999 para cerrar un círculo, una historia a la que le faltaban algunos capítulos. Fue aquel año cuando, después de una reunión en Ideas del Sur, le preguntó al intendente de Bolívar, Juan Carlos Simón: “¿Qué puedo hacer por la ciudad?”. Y la vuelta del hijo pródigo produjo un antes y un después en la vida de esta ciudad bonaerense, que tenía un hospital –el Dr. Miguel Capredoni– que se caía a pedazos y hoy es uno de los más importantes de la provincia de Buenos Aires. Más tarde llegó la remodelación del Complejo Deportivo República de Venezuela y la creación del Club Ciudad de Bolívar, multicampeón de la Liga Nacional de Voley y que hoy tiene una sede única en Sudamérica.

Tinelli dejó Bolívar tres meses antes de cumplir once años y recién regresó a los 38. Habla Marcelo:

–“Nos fuimos de Bolívar como arrancados. Con la muerte de mi viejo, mamá no quiso regresar nunca más, y yo no volví. Papá estuvo internado veinte días en Buenos Aires, y cuando murió no pisamos más la ciudad. El departamento que era de mi abuelo quedó cerrado y jamás supe qué pasó. Yo era muy chico… Me quedó una cosa fea adentro… ¿Volver a Bolívar? Hasta que un fin de semana me puse de novio con una chica de acá y empecé a venir. Venía los viernes y me volvía los domingos temprano, para hacer los partidos...”.

–¿Volver fue una forma de recuperar tu historia?
–Volver y ayudar a Bolívar me hace bien: es una forma de recuperar mis raíces y mi historia. Hoy me regalaron una carpeta con recuerdos de mi familia y el día que publicaron mi nacimiento. Es muy fuerte vivir todo esto. Por eso le puse al Gimnasio el nombre de mi abuelo, José Domeño. El vino de Pamplona con una mano atrás y otra adelante; de chico era muy pobre, jugaba con una latita y dos piedritas y después se convirtió en empresario. Fue dueño de dos diarios, La Mañana y El Mensajero, una barraca, campos… Era un tipo grosso acá en Bolívar. Le fue muy bien.

–Ahí están los genes que te dieron ese espíritu emprendedor…
–Sí, creo que lo heredé de él. Y algunos placeres, como el vino tinto. Mi abuelo tomaba tinto en bota y fumaba habanos, cosas que con el tiempo empezaron a gustarme a mí también. El era el que siempre se caracterizaba de Papá Noel y nos asustaba con la máscara de algodón. Hoy yo hago lo mismo. La maratón es reencontrarme con mi viejo. Y mamá era una mujer ligada a la cultura. Por eso, cuando recuperemos el complejo cultural de cines, me gustaría que llevara su nombre, María Ester Domeño. Sería cerrar un círculo.

–¿Tenés un recuerdo idealizado de tu padre?
–No sé si idealizado, pero lo tengo en un lugar muy alto. Siempre digo que me hubiera encantado tenerlo hoy, no para que diga “¡mirá todo lo que logró mi hijo!”, sino para que me ayudara en un montón de cosas. Era un tipo muy laburante: tuvo florería, fábrica de trapos de piso… Y muy futbolero, enfermo de San Lorenzo. Ibamos al Gasómetro cuando el Cuervo jugaba de local. Le encantaba cocinar. Me hizo probar cosas que nunca hubiese pensado: mulita, peludo, rana. Un día me engañó y me dijo: “Es un pollito chiquito, probálo”. Y las ranas saltaban en la sartén… Hoy mis hijas odian la rana, y yo trato de convencerlas de que es riquísima.

–¿Y cómo creés que te ve Francisco?
–Cómo me ve, no lo sé. Pero yo prefiero observarlo a él: es algo que me nutre mucho. Uno tiene aciertos y errores, pero no soy el padre canchero que dice: “Cuando vos fuiste, yo fui y volví…”. Al contrario, aprendo todo el tiempo de mis hijos. Por ejemplo, las chicas (Micaela, 20, y Candelaria, 18) me ayudaban en Ritmo de la noche. Mica me tenía al tanto de los musicales que venían en el ’95. No tengo esa cosa de muchos padres de “quiero que mi hijo sea tal cosa…”.

–Dale, Marcelo, vos querés que tu hijo sea el 10 de San Lorenzo…
–Ja, ja. Sí, me encanta que a Francisco le guste el fútbol, ir al club, estar cerca del plantel, ver las inferiores, patear una pelota. Cada vez me cuesta más llevarlo al campo de Baradero. Pero no les pido que sean lo mismo que yo. Por ejemplo, mi hija mayor estudia Diseño. Y Juana es un huracán, no para nunca: canta, baila, me pide que le haga de presentador en casa con las amigas, y yo le pongo puntos como si fuera Lafauci.

–¿Hoy, dónde sentís la ausencia de tus padres?
–En los lugares más simples: cuando estoy sentado en el campo me encantaría estar con mi viejo comiendo un asado. O me gustaría salir a caminar, a tomar un café. A mamá llegué a disfrutarla más...

–Le estás cambiando la vida a Bolívar. ¿Hasta dónde puede hacer una sola persona?
–El otro día me preguntaban si le reclamo algo a la gente, y yo sólo puedo agradecerle. Pero un día no voy a estar, porque así es la vida, y me encantaría que esto sea continuado por alguien. Que se siga con la maratón, con las obras del hospital, que se pueda mantener todo, para que la gente lo siga disfrutando.

–¿Sabés que con este trabajo contás con un capital que envidiaría cualquier político?
–Puede ser, pero me gusta colaborar desde afuera de la política. Me veo como una persona que puede ser más útil en este rol. Todo lo que es político tiene demasiadas transas, y no lo digo en el sentido corrupto, sino que hay que negociar mucho. Prefiero seguir ayudando desde afuera…


fuente: revista gente
Por Julián Zocchi. Fotos Javier Moreno y Archivo Atlántida.

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