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sábado, 25 de febrero de 2012

José Meolans






Popularmente conocido como “Pepe”, este cordobés de 33 años llegó al Este para disfrutar de unas vacaciones con su mujer, Valeria Labeau, y su primogénita, Martina. Además, el ex nadador participó del desfile que Pancho Dotto organiza en José Ignacio. Secretos y confesiones de un sex symbol que cultiva un perfil bajo.
Rubio platinado, ojos turquesa cristalino, 1.96 metros de altura y un cuerpo tan marcado que mataría de envidia a cualquier hombre. Esa bien podría ser la carta de presentación del ex nadador argentino, José “Pepe” Meolans (33). Sin embargo, él llega a la pileta del Conrad de Punta del Este, donde está hospedado con su mujer, Valeria Labeau (31) y su hija Martina (1), con un perfil tan bajo que a primera vista no llama para nada la atención y hasta cuesta reconocerlo. “Traje varias opciones de traje de baño para que ustedes elijan cuál queda mejor”, anticipa con la tonada cordobesa que tanto lo caracteriza. Y apenas abre el bolso donde guardó su ropa se asoma una toalla con corazones rosas de Hello Kitty que lo ruboriza al instante. “¡No se asusten, esa toalla no es mía! Es de Martu, que desde que nació puso mi vida patas para arriba. Ahora todo lo que hacemos con mi mujer gira en torno a ella –explica a Para Ti–. El otro día fuimos a comer con una pareja amiga y no pudimos ni hablar porque ella es súper inquieta y quería jugar todo el tiempo”. Y con esa frase deja en claro que atrás quedó su rigurosa vida como número uno para dedicarse de lleno a la experiencia del padre primerizo.
¿Tuviste mucho levante con las chicas en tu época de nadador olímpico? (Se ríe y pone colorado) No sé… en realidad soy un poco tímido y no me gusta hablar de mí. ¡Eso es algo que tendrían que decir los otros!

Pero así como en el fútbol hay botineras y en el tenis raqueteras, ¿existen las fanáticas “aguateras” de los deportes de agua? No, porque la natación, al ser amateur, no es un deporte tan difundido por los medios. La gente no nos conoce tanto y no trascendemos como otros deportistas. Igualmente me pasaron algunas cosas locas con fanáticas: algunas chicas han hecho páginas de internet o blogs dedicados a mi, otras llamaban a mi casa y una vez, hasta autografié el capot de un auto.

Tenés un figura súper trabajada, ¿sos obsesivo con tu cuerpo? Cuando competía sí, pero no por una cuestión de estética sino por rendimiento. Por ejemplo, es muy diferente la sensación a la hora de nadar cuando tenés o no vellos en el cuerpo, entonces unos días antes de cada competencia me depilaba todo el cuerpo.

¿Y cómo te depilabas? ¡Con maquinita, y muchas veces en seco! Encima el hombre tiene cero cuidado, entonces imaginate las veces que me arranqué pedazos de piel (se ríe). Todavía tengo cicatrices de las veces que me depilé rápido. Ahora no lo hago más porque me demandaría mucho tiempo, pero te confieso que no me gustan muchos los pelos.

¿Te reconocés alguna manía metrosexual? Ya no soy muy cuidadoso con mi físico, no me miro demasiado en el espejo ni hago dieta. En comparación con la cantidad de ejercicio físico que hacía antes, ahora no hago nada. ¡Voy al gimnasio a hacer sociales, porque hablo más de lo que entreno! (se ríe). También nado dos veces por semana, pero para relajarme. La verdad es que me quedó el cuerpo marcado gracias a tantos años de entrenamiento y a algunas condiciones genéticas.

¿El rubio platinado es natural? Ciento por ciento. La gente me dice que deje de tirarme cosas en la cabeza, pero te juro que nunca me puse nada. Se me aclara con el sol y el agua. Y eso que ahora lo tengo oscuro, cuando competía en piletas al aire libre estaba mucho peor. Directamente, en esa época tenía la cabeza blanca (se ríe).

Ahora sos parte del staff de modelos de Pancho Dotto ¿Te considerás un sex symbol? No, creo que estoy muy lejos de eso. A Pancho lo conozco hace tiempo y nos queremos mucho. Ser modelo es algo nuevo y diferente para mí, así que recién le estoy tomando un poco el gusto a desfilar y hacer campañas publicitarias. Menos con mi nariz, que me hubiese gustado que sea más chica, estoy conforme con mi cuerpo.

¿Qué significan tus tatuajes? En 1986 me tatué en el pecho el símbolo de las Olimpíadas. ¡Era la primera vez que competía y estaba muy emocionado! Además, en la espalda tengo uno que dice “swim” y en el tobillo una estrella de mar. Como verás, todos están relacionados con el agua. Con la cantidad de horas que estuve en el agua podría haber dado la vuelta al mundo nadando.

¿Recordás alguna experiencia traumática dentro del agua? Sí, a los 12 años fuimos con mis papás a una casa que tenían en Carlos Paz. Allí había un río cerca, me tiré al agua y me golpeé la cabeza con una piedra. Pude llegar a la orilla por mis propios medios pero estaba lleno de sangre. Sé que me salvé de casualidad, me podría haber muerto. Desde ese momento le tengo mucho respeto y cuidado al agua. Siempre tiene sus riesgos, así que considero imprescindible saber nadar. En mi casa tengo una pileta de ocho por tres metros y tiene todas las medidas de seguridad porque mi hija es muy chiquita. Igualmente, mi idea es que aprenda a nadar lo antes posible para quedarnos tranquilos, y si más adelante quiere, tal vez pueda dedicarse a la natación.

¿Te gustaría que tu hija también sea nadadora? Me gustaría que hiciera algún deporte, pero no hace falta que estrictamente sea nadadora. Desde mi experiencia le puedo decir que, además de los logros deportivos que tantas satisfacciones me dieron, la natación meformó en un montón de valores y principios importantes. También pude viajar a distintas partes del mundo y me dio la oportunidad de hacer muchos amigos. Igual no es todo color de rosas, es un deporte que te tiene que gustar y apasionar mucho.
Para Ti
Textos: Agustina D´Andraia.

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